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Hablemos de las emociones positivas y negativas en niños y adolescentes

May 11, 2016 | Psicología

kids_emotions_blogPara disfrutar de una buena salud mental debemos saber tratar tanto con las emociones positivas como con las emociones negativas. Sería recomendable que estos aspectos se incorporaran a la educación de niños, adolescentes y, también, de adultos.

Cuando hablamos de emociones positivas nos referimos a las emociones que nos resultan agradables como alegría, serenidad, amor, orgullo, satisfacción, entusiasmo, etc. En cambio, las emociones negativas son aquellas desagradables como ira, envidia, celos, asco, miedo, tristeza, inseguridad, angustia, frustración, etc. Independientemente de que las emociones sean agradables o desagradables para la persona, ambos tipos de emociones tienen sentido.

Por ejemplo, cuando sentimos miedo tratamos de evitar peligros; el asco evita que entremos en contacto o comamos productos que puedan ser tóxicos; y la tristeza nos lleva a un periodo de reflexión, que puede resultar de utilidad en el futuro y suele servir como una llamada de atención para que nuestro entorno nos preste atención y nos ayude.

Las emociones positivas, además de ser agradables en sí mismas, también cumplen una función. Cuando estamos alegres establecemos relaciones sociales con más facilidad, somos más creativos y nos planteamos nuevos proyectos para el futuro. Otro aspecto fundamental de las emociones positivas es que facilitan el aprendizaje. En muchas ocasiones, estas relaciones y proyectos que establecimos con un estado de ánimo positivo nos ayudan a enfrentar momentos difíciles en la vida.

Referido a las emociones positivas, hay situaciones en las que podríamos mejorar:

    • Por decirlo así, el cerebro tiene cierta tendencia a prestar más atención a las emociones negativas que a las positivas, en general, somos más tendentes a la queja que al halago o al agradecimiento. Cultivar emociones y entornos positivos requieren de programas e iniciativas activas que las fomenten, enseñen cómo cultivarlas y las pongan en valor.
    • Habitualmente desperdiciamos las excelentes oportunidades de aprendizaje que nos ofrecen las emociones positivas. Cuando se respira buen ambiente en una clase o en la familia, son momentos perfectos para establecer rutinas, acordar normas, fijar proyectos, desarrollar habilidades, aumentar la cohesión del grupo y trabajar la prevención de problemas. Es común que queramos desarrollar y trabajar estos aspectos cuando ya ha surgido el problema, en momentos en los que existen enfrentamientos o cuando estamos en períodos de mayor estrés (por ejemplo, exámenes). Sin embargo, en estos momentos nos encontramos muchos más obstáculos para diseñar y aplicar estas pautas o lograr nuestros objetivos.

En lo que se refiere a emociones negativas:

    • Un niño al que no se le deja experimentar y relacionarse con las emociones negativas no tendrá un pronóstico tan bueno de salud mental. Un niño será un adulto feliz si acepta las emociones negativas como parte de la vida y aprende a relacionarse con ellas. En muchas ocasiones, distraemos a los niños cuando están tristes o les castigamos sin mucha explicación cuando están rabiosos, celosos o enfadados. Con ello, no permitimos que los niños reconozcan sus emociones, lo que les ayuda a gestionarlas.Para ayudarles a reconocer estas emociones más negativas, es recomendable  explicarle sus reacciones y qué tipo de emoción están sintiendo. Es importante que ellos perciban que les permitimos sentir cualquier emoción, pero no cualquier forma de expresarla (pegar, gritar, etc.).
    • Hay emociones negativas que son de utilidad. Por ejemplo, se ha visto que los niños que toleran mejor la frustración, tendrán un mayor éxito académico y mantendrán relaciones personales más satisfactorias. Enseñarles a tolerar la frustración y no esperar la gratificación inmediata, es una de las lecciones más importantes que les podemos trasladar. Ello exige que nosotros, como educadores y padres, también aprendamos a tolerar nuestra propia frustración y seamos pacientes.
    • A veces los niños no se sienten escuchados, Padres y profesores debemos ser referente para nuestros alumnos e hijos en cuestión de gestión de emociones negativas. Debemos generar un espacio de diálogo, compartir nuestras emociones y sentimientos con ellos y escuchar los suyos hasta el final, debemos intentar que sientan que empatizamos con sus emociones.

Aprender a gestionar las emociones negativas y positivas es fundamental para nuestro bienestar. Es algo que no se aprende de la noche a la mañana y no es sólo cuestión de hacerse mayor. Se trata de ir adquiriendo herramientas y recursos de manera constante a lo largo de la vida desde la infancia. Para mejorar, es necesario implementar planes en los colegios y, a ser posible, que impliquen a cuantos más agentes mejor: profesores, padres, profesionales no docentes, etc.

Autor: Juan Múzquiz Herrero
Psicólogo y experto en bullying

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